Cuidados Integrales

 

Como técnicos socio-sanitarios, somos conscientes de los aspectos emocionales y sociales de la persona dependiente que cuidamos son igual de importantes que los físicos. Sin olvidar tampoco la faceta espiritual/religiosa, tan presente en la mayoría de los casos. Será la atención y respuesta a todas estas necesidades, lo que nos permitirá proporcionar al usuario los cuidados integrales que requiere y lo que marcará la diferencia de nuestro servicio.
Dentro de las actividades básicas de la vida diaria que deben ser apoyadas y en las que participamos (el aseo, la alimentación, los desplazamientos…), quizás sean las que se realizan a primera hora de la mañana las más significativas y en donde se ponen de relieve nuestras competencias. Pero siempre, en cualquier asistencia que prestemos y a cualquier hora del día, será fundamental que sepamos interactuar con el usuario; para ello tendremos que escuchar y entender lo que nos reclama, no solo con palabras sino también mediante sus gestos y su mirada. Una actitud amable y colaborativa por nuestra parte, a la hora de resolver cualquier incidencia que se produzca, serán la clave del éxito en nuestra intervención. Unido, claro está, a grandes dosis de paciencia y de empatía.
En Alma queremos adaptarnos al ritmo de la persona que cuidamos, cada vez más lento, y atender de forma integral todas y cada una de sus necesidades. Esto se traduce en intervenciones de mayor duración, pero más satisfactorias a la larga para todos (usuario, familiares y cuidador).
En el caso de la persona no encamada*, el momento de despertarla puede servirnos de ejemplo para lo que pretendemos trasmitir:
Le damos los buenos días, con una sonrisa y un leve contacto, para no sobresaltarle. Es normal que le cueste abrir los ojos y reaccionar, en muchos casos a consecuencia de la medicación que toma para dormir; se pondrá en pie con dificultad y probablemente necesitará nuestro apoyo para no caerse; antes de pasar al baño, le ayudará a recobrarse un desayuno completo y equilibrado, comprobando la temperatura de los alimentos y las medicinas que toma; una vez concluido, le sentaremos en el inodoro respetando su intimidad para, finalizada “la tarea” y supervisado el aspecto de la deposición, acompañarle a la ducha; dejando correr el agua hasta alcanzar la temperatura adecuada, le mojaremos poco a poco desde los pies hacia los hombros, le ayudaremos a enjabonarse con tranquilidad y, una vez aclarado, realizaremos un secado minucioso con especial atención a pliegues y zonas sensibles; será bienvenido un masaje de la piel con crema hidratante, empezando por los hombros y terminando en los pies; le ayudaremos a vestirse y calzarse, para finalizar con una limpieza bucal y la toma de constantes vitales (en el caso de que el usuario requiera un control diario).
Pues bien, si durante todo el tiempo que pasamos con la persona dependiente, en esta o cualquier otra intervención, nos dirigimos a ella con amabilidad, indicándole cada una de las tareas que vamos a realizar; si conseguimos establecer unas rutinas diarias que le proporcionen seguridad; si conseguimos involucrar a algún familiar en la consecución de unos objetivos; si estimulamos física y emocionalmente a la persona, para que participe en las actividades cotidianas de la casa, y también para que asista a celebraciones y eventos con amigos… Si empleamos para ello todo el tiempo que sea necesario, estaremos cuidando no sólo el cuerpo de la persona, sino también sus relaciones y el bienestar de su alma. Y si además lo hacemos con verdadera vocación, estaremos en el buen camino para conseguir la excelencia en nuestros cuidados.
De lo contrario, habremos realizado con solvencia las tareas encomendadas y terminaremos a tiempo nuestro “plan de trabajo”, pero no habremos proporcionado los cuidados integrales que la persona dependiente requiere. Los mismos que nos gustaría recibir a nosotros.

 

TESTIMONIO de los profesionales socio-sanitarios que colaboran con Alma, con motivo de la propagación del covid-19:
La realización de estas tareas que llamamos “levantar y asear” puede demorarse, en el mejor de los casos, 60 minutos. Cualquier intervención que pretenda realizarse en menos tiempo, impedirá ajustarse a las verdaderas necesidades del usuario.
¿Cómo es posible que en las instituciones geriátricas, un auxiliar deba realizar esta intervención en tan sólo 10 minutos?
Además de las tareas mencionadas, habría que dedicarle tiempo al lavado de manos antes de las comidas, la limpieza bucal al terminar de comer, la manicura y la pedicura al menos una vez por semana, la hidratación de la piel… Sin olvidar el ejercicio físico y la estimulación cognitiva. Bastaría con realizar regularmente todas estas tareas, habituales para cualquiera de nosotros, para que en las residencias de personas mayores la propagación de un virus/enfermedad contagiosa no tuviera las dramáticas consecuencias que hemos visto puede tener. Sin olvidar la conveniente protección con EPIs y otras medidas de prevención que los residentes también necesitan.

 

*Persona encamada. Su situación, especialmente delicada, será tratada en un próximo artículo.

 

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